Del album de un cazador
Del album de un cazador —SÃ, asà es —continuó Pavlusha en su voz lenta—. Es el que todos esperamos. Los viejos dicen que tan pronto como el sol comience a cubrirse con un mal augurio, vendrá. Asà que comenzó el mal augurio, y todo el mundo salió a las calles y a los campos para ver lo que ocurrirÃa. Como sabes, nuestra aldea está en lo alto y todo se ve muy despejado a muchos kilómetros. Todos miran, y de repente, desde el poblado en la montaña, baja un hombre de aspecto extraño, con una cabeza enorme… Todo el mundo se pone a gritar: «Eh, eh, ¡que viene Trishka! Eh, eh, ¡es Trishka!», y todos corren a esconderse, por aquà y por allá. El anciano de nuestra aldea se arrastró hasta una zanja, y su mujer se quedó atascada en una verja y dejó escapar tal lamento que aterrorizó a su propio perro guardián, que rompió la cadena, cruzó la verja a toda prisa, y se adentró en el bosque. Y el padre de Kuzka, Doroféich, saltó entre la avena, se quedó allà de rodillas y comenzó a imitar los sonidos de una codorniz, porque pensó: «¡Seguro que ese destructor de almas, enemigo de la humanidad, perdonará la vida a un ave diminuta!». ¡Tan grande era la confusión que reinaba…! Y resulta que el hombre que venÃa no era otro que Vávila, nuestro tornero, que se habÃa comprado un nuevo bidón, y que iba andando con ese bidón vacÃo apostado sobre su cabeza.