Del album de un cazador
Del album de un cazador —¿Quién va? —preguntó una voz altisonante.
—¿Quién es usted?
—Soy el guardabosques local.
Le dije mi nombre.
—Ah, lo conozco. De camino a casa, ¿verdad?
—Asà es. Pero, como puede ver, con la tormenta…
—Pues sÃ, la tormenta —respondió la voz.
La luz blanca de un rayo iluminó al guardabosques de pies a cabeza. Siguió un chasquido estruendoso. La lluvia caÃa con fuerzas redobladas.
—No terminará pronto —continuó el guardabosques.
—¿Qué podemos hacer?
—PermÃtame que lo lleve a mi casa —dijo secamente.
—Por favor.
—Sea tan amable de tomar su asiento.
Él se acercó al caballo, agarró la brida y echó a andar. Nos pusimos en marcha. Yo me agarré al cojÃn del droshki que se movÃa como una barca sobre las olas y llamé a mi perro. Mi pobre yegua avanzó como pudo sobre el denso lodo, resbalando y casi cayendo, mientras que el guardabosques se movÃa a derecha e izquierda como un fantasma. Avanzamos durante un tiempo considerable cuando mi guÃa, finalmente, nos hizo detenernos.
—Estamos en casa, señor —dijo con voz calma.