Del album de un cazador
Del album de un cazador Al crepúsculo, el cazador Yermolái y yo salimos en busca de «vuelo bajo»… Pero tal vez sea el caso de que no todos mis lectores sepan lo que «vuelo bajo» significa. Les ruego que escuchen, caballeros.
Un cuarto de hora antes de que anochezca, durante la primavera, entras en un bosquejuelo, pertrechado con tu escopeta pero sin tu perro. Hallas algún escondrijo cercano al linde, miras a tu alrededor, revisas los pistones, intercambias guiños con tu compañero. Transcurre un cuarto de hora. El sol se ha puesto, pero una luz tenue ilumina el bosque; el aire es límpido, translúcido; los pájaros parlotean con animación; la hierba joven resplandece como brillantes esmeraldas… Esperas. El interior del bosque va oscureciéndose poco a poco; la luz carmesí del crepúsculo se desplaza con parsimonia a través de las raíces y los troncos de los árboles, elevándose más y más, ascendiendo desde las ramas bajas, casi desnudas todavía, hacia las copas detenidas de los árboles adormecidos… A continuación son las copas de los árboles las que inician su fuga; el cielo rosado se oscurece de azul. Los aromas del bosque se intensifican, dulcemente transportados por ráfagas de humedad cálida; la brisa que ha descendido expira a tu alrededor.