Del album de un cazador
Del album de un cazador Estaba a punto de cruzar la verja cuando, contrariamente a lo habitual, la encontré cerrada. Llamé.
—¿Quién está ah� ¿Un comprador? —gimió una voz femenina.
—Un comprador.
—En seguida, señor, en seguida.
Se abrió la verja. Vi a una mujer de unos cincuenta años, con la cabeza descubierta, botas y una chaqueta abierta de piel de oveja.
—Por favor, adelante, buen señor. Iré a decirle a Anastasei Ivánich ahora mismo… ¡Nazar, Nazar…!
—¿Qué? —murmuró la voz de un septuagenario desde los establos.
—Prepara los caballos. Ha venido un comprador.
La anciana entró a toda prisa en la casa.
—Un comprador, un comprador —gruñió Nazar a modo de respuesta—. TodavÃa no les he lavado las colas a todos.
—¡Oh, Arcadia! —fue lo que pensé.
—Buenos dÃas, señor, y sea bienvenido —resonó una voz lenta, pastosa y agradable. Me volvà y vi ahà de pie, con una larga levita azul, a un anciano de estatura media, pelo blanco, sonrisa encantadora y preciosos ojos azules.
—¿Está buscando caballos? Por supuesto, señor, por supuesto… ¿No querrÃa entrar a tomar el té antes?