Del album de un cazador

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Tatiana Borísovna es una dama de unos cincuenta años, de enormes ojos grises salientes, nariz redondeada, mejillas rosas y papada. Su rostro despide calor y bienvenida. En una ocasión estuvo casada pero no tardó en enviudar. Tatiana Borísovna es una dama excepcional. Vive permanentemente en su pequeña hacienda, se relaciona poco con sus vecinos y solo recibe la visita de gente joven. Era la hija de terratenientes muy pobres y no recibió educación alguna, lo que quiere decir que no habla francés; tampoco ha estado nunca en Moscú y sin embargo, a pesar de esas desventajas, se conduce con tal naturalidad y saber estar, sus sentimientos e ideas son tan libres y le afectan tan poco las habituales enfermedades de las damas de las fincas pequeñas que uno no puede evitar sentirse asombrado… ¡Y, por supuesto, una dama que vive todo el año en una aldea en medio del campo sin ocuparse de murmuraciones, ni hablar con tono agudo retorciéndose en reverencias, convirtiéndose en una histérica, atragantándose de miedo y estremeciéndose de curiosidad es algo milagroso! Suele lucir un vestido gris de tafetán y un gorro blanco del que cuelgan lazos violeta; le gusta comer pero sin exceso, y deja que su ama de llaves se ocupe de hacer las mermeladas, las conservas y las salmueras. Se preguntarán ustedes en qué ocupa su día. ¿Acaso lee? No, no lee, y, para ser sinceros, los libros no se imprimen para personas como ella. Si mi Tatiana Borísovna no tiene invitados, en invierno se sienta cerca de la ventana y se dedica a tejer medias; durante el verano da paseos por el jardín, planta flores y las riega, juega durante horas con sus gatitos y da de comer a las palomas. No se interesa mucho por la organización de la casa. Pero tan pronto como llega un invitado, algún vecino joven al que le tenga cariño, Tatiana Borísovna se anima; lo sienta, le sirve el té, escucha sus historias, se ríe, en ocasiones le palmea la mejilla, pero ella misma dice muy poco; en casos desgraciados y tristes siempre ofrece consuelo y da buenos consejos. ¡Cuántos le han confiado sus secretos más privados y domésticos, y han llorado en su hombro! Por lo general se sienta frente a su huésped, apoya el codo y lo mira a los ojos con tanta comprensión y sonriendo con tanta amabilidad, que el invitado no puede evitar pensar: «¡Qué buena persona eres, Tatiana Borísovna! Me encantará abrirte mi corazón». En sus habitaciones pequeñas y cómodas siempre se siente una calidez especial; se podría decir que el tiempo es siempre maravilloso en su casa.


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