Del album de un cazador
Del album de un cazador —Asà que aquà está —comenzó con voz pensativa y afectada—, ¡aquà está la dulce, plácida, noble, santa criatura! ¡Aquà está, la dama natural pero con capacidades profundas de entendimiento! ¡Cuánto me alegro de conocerla, cuánto! ¡Cuán amigas nos haremos! ¡Por fin me quedo tranquila…! Es usted exactamente como la habÃa imaginado —añadió en un suspiro, mirando a los ojos a Tatiana BorÃsovna—. DÃgame la verdad, no está usted enfadada conmigo, querida mÃa, ¿verdad?
—En absoluto, estoy muy contenta de que haya venido… ¿Le gustarÃa tomar el té?
La visitante sonrió con condescendencia.
—Wie wahr, wie unreflekiert —susurró como para s×. ¡PermÃtame que la abrace, querida amiga!