Del album de un cazador

Del album de un cazador

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hará unos ocho años, Tatiana Borísovna tenía en su casa a un muchacho de unos doce años llamado Andriusha, huérfano de madre y padre e hijo de su difunto hermano. Andriusha tenía ojos grandes, brillantes y húmedos, boca pequeña, nariz recta y frente alta. Hablaba con voz tranquila y dulce, se comportaba con decoro y buenas maneras, era muy considerado con los invitados y siempre besaba la mano de su tía con la ternura que corresponde a un muchacho huérfano. Apenas uno entraba, él, ¡qué sorpresa!, ya le había acercado un sillón. No le gustaban las bromas de ningún tipo y nunca hacía el menor ruido sino que se sentaba en un rincón con un libro, tan respetuosamente que ni siquiera hacía crujir el respaldo de la silla. Un invitado aparecía y mi Andriusha ya estaba de pie, sonriendo con educación y un poco sonrojado. Cuando los invitados se marchaban, volvía a sentarse, sacaba un pequeño cepillo y un espejo de su bolsillo y procedía a cepillarse el cabello. Desde muy temprana edad le encantaba dibujar. Si se le cruzaba algún jirón de papel, de inmediato rogaba a Agafia, el ama de llaves, que le diera unas tijeras, y con cuidado lo cortaba en un perfecto rectángulo, le pintaba un borde y se disponía a trabajar, dibujando un ojo con una pupila enorme, o bien una nariz griega, o una casa con chimenea y el humo subiendo en espiral, o bien un perro en face igualito al banco de un parque, o un árbol diminuto con dos pequeñas palomas, y después lo firmaba: «Dibujado por Andréi Belovzórov en tal y tal día de tal y cual año en la aldea de Malie Briki».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker