Del album de un cazador
Del album de un cazador El señor Benevolenski era más bien gordo, de estatura mediana y apariencia fofa, pies diminutos y pequeñas manos regordetas: solía vestir una especie de frac en estado impecable y bastante amplio, corbata alta y ancha, prendas de lino blancas como la nieve, una cadena de oro en el chaleco de seda, un anillo de camafeo en el dedo índice y una peluca rubia; solía hablar con convicción y deferencia dando silenciosas zancadas por la habitación, sonriendo de forma agradable, entornando los ojos de forma agradable y hundiendo agradablemente el mentón en la corbata: en términos generales era un hombre agradable. El Buen Señor también le había obsequiado el más generoso de los corazones. Lloraba o se emocionaba fácilmente y, sobre todo, ardía con una pasión desinteresada por el arte, y era genuinamente desinteresado, puesto que precisamente en arte el señor Benevolenski, para ser sinceros, carecía del más mínimo conocimiento. Resultaba hasta asombroso qué leyes incomprensibles y misteriosas habían logrado obrar el milagro de anidar tal pasión en su alma. Al parecer también era un hombre positivo, y bastante sencillo… A pesar de todo, en Rusia tenemos muchas personas como él.