Del album de un cazador
Del album de un cazador —Por supuesto, por supuesto… Es muy comprensible y te honra. Pero, por otra parte, imagÃnate la alegrÃa que le darás en cuanto… Con tu éxito…
—Abrázame, Andriusha —murmuró la buena mujer. Andriusha se le echó al cuello—. Bueno, ahora dale las gracias a tu benefactor.
Andriusha abrazó al señor Benevolenski por la tripa, se puso de puntillas y le alcanzó la mano, la cual, es cierto, el benefactor estaba a punto darle pero no de inmediato, como si dijera: uno debe acceder a los deseos de los niños y satisfacerlos, pero también tomarse tiempo para divertirse. Un par de dÃas después el señor Benevolenski se marchó con su nuevo protégé.
En el curso de los primeros tres años de separación, Andriusha escribió muy a menudo y en ocasiones adjuntaba dibujos a sus cartas. De cuando en cuando el señor Benevolenski también añadÃa algunas palabras, en su mayor parte expresando su aprobación. Después las cartas se volvieron menos frecuentes, y al final dejaron de llegar. Durante todo un año el sobrino guardó silencio, y Tatiana BorÃsovna comenzó a preocuparse, cuando de repente recibió una misiva con el siguiente contenido:
¡Querida tiÃta!