Del album de un cazador
Del album de un cazador —Hmmm —dijo el señor Benevolenski, reflexionó un segundo y miró a Andriusha por debajo de sus cejas—. Bueno, bueno, pensemos sobre ello —añadió, frotándose las manos.
Aquel mismo dÃa le pidió a Tatiana BorÃsovna permiso para una charla privada. Ambos se encerraron en una sala. Media hora después mandaron llamar a Andriusha. El niño entró. El señor Benevolenski estaba de pie cerca de la ventana con el rostro algo enrojecido y los ojos brillantes. Tatiana BorÃsovna estaba sentada en un rincón secándose las lágrimas.
—Bueno, Andriusha —comenzó al fin—, debes estar agradecido a Piotr Mijáilich, te va a llevar a vivir con él a San Petersburgo.
Andriusha se quedó petrificado.
—Debes decirme con sinceridad —comenzó el señor Benevolenski en tono de orgullo y deferencia—, ¿deseas ser artista, jovencito, sientes una llamada sagrada hacia el arte?
—Quiero ser artista, Piotr Mijáilich —confirmó Andriusha conteniendo el aliento.
—En ese caso me alegro mucho. Será muy duro para ti, estoy convencido —continuó el señor Benevolenski—, despedirte de tu honorable tiÃta. Debes sentir por ella la más profunda gratitud.
—Adoro a mi tÃa —interrumpió Andriusha parpadeando.