Del album de un cazador
Del album de un cazador La segunda voz no añadió nada, y el muchacho comenzó a llamar a Antropka de nuevo. Sus gritos, cada vez menos frecuentes, más débiles, me llegaban todavía cuando todo se había vuelto completamente oscuro, mientras yo seguía las lindes de la foresta en torno a mi pequeña aldea, a unas cinco verstas de Kolotovka.
—¡Antropkaaaa! —seguía resonando en la noche llena de sombras.