Del album de un cazador
Del album de un cazador Di media vuelta y comencé a descender la colina sobre la que está situada Kolotovka. Al pie hay una extensa meseta; inundada por olas de niebla nocturna parecÃa aún más inmensa de lo que era, como si se extendiese hacia el cielo oscurecido. Iba a zancadas por el camino que bordea el barranco, cuando de repente desde algún punto lejano de la meseta se oyó una voz infantil:
—¡Antropkaaa! ¡Antropkaaa! —gritaba con insistencia y desesperación lacrimosa, prolongando al infinito la última sÃlaba.
Permaneció algunos instantes en silencio y reinició sus gritos. En el aire quieto y adormilado la voz adquirÃa un alcance inmenso. Al menos treinta veces llamó a Antropka, cuando de pronto, desde el extremo opuesto del campo, como proveniente de otro mundo, llegó la respuesta apenas audible:
—¿Quéeee?
El muchacho gritó con un desprecio que le hacÃa disfrutar:
—¡Ven aquÃ, maldito demonio del bosqueeee!
—¿Por quéeee?
—Porque padre quiere apaleaaaaaarte —gritó a toda prisa la primera voz.