Del album de un cazador
Del album de un cazador —Este caballero lleva más de una hora esperando, señor —le informó el encargado, señalándome.
¡Más de una hora! El villano se reÃa a mi costa.
—A lo mejor no los necesita con tanta urgencia como yo —respondió el recién llegado.
—Eso, señor mÃo, no podemos saberlo —respondió sombrÃamente el encargado.
—Entonces, ¿no puede hacer nada? ¿De veras no hay ningún caballo?
—Ni uno solo, señor. Ni un solo caballo.
—Muy bien, entonces tráigame el samovar. Si hay que esperar, asà lo haré.
El recién llegado se sentó en un banco, arrojó su gorra sobre la mesa y se mesó el pelo.
—¿Ha tomado usted el té? —me preguntó.
—Asà es.
—¿Le importarÃa repetir para hacerme compañÃa?
AccedÃ. El gran samovar rojizo apareció sobre la mesa por cuarta vez. Saqué una botella de ron. No me habÃa equivocado suponiendo que mi acompañante era un pequeño hacendado. Se llamaba Piotr Petróvich Karatáiev.
Comenzamos a charlar. A la media hora, con la candidez más natural, ya me habÃa contado la historia de su vida.