Del album de un cazador
Del album de un cazador —No te enfades, Víktor Aleksándrich —añadió ella con rapidez, conteniendo las lágrimas con dificultad.
—No estoy enfadado, es solo que eres tonta… ¿Qué es lo que quieres? Sabes que no me puedo casar contigo, ¿no? Debes saberlo, ¿verdad? Entonces, ¿qué quieres? Dime —echó el rostro hacia delante esperando su respuesta y extendió sus manos.
—No quiero nada… nada —fue la respuesta, insegura, y apenas capaz de extender las temblorosas manos hacia él—; únicamente que me digas una palabra de despedida.
Y las lágrimas corrieron por sus mejillas.
—Muy bien, y ahora te pones a llorar —dijo Víktor con frialdad, tapándose los ojos con la gorra.
—No quiero nada —continuó la muchacha, tragándose las lágrimas y cubriéndose el rostro con ambas manos—, solo que, ¿qué será de mí ahora en la familia? ¿Y qué va a ocurrirme, qué va a pasarme, desgraciada como soy? Entregarán a esta pobre huérfana a alguien que no la ame… ¡Oh, pobre de mí!
—¡Quéjate cuanto gustes! —murmuró entre dientes Víktor, balanceándose de un pie al otro.
—Si solo él dijera una única palabra… Solo una palabra… Como Akulina, yo, yo…