Del album de un cazador
Del album de un cazador Y el señor Zvérkov, sin terminar su frase, giró su cabeza y se enterró de forma más cómoda en su abrigo, evitando con hombrÃa cualquier tipo de expresión emotiva.
El lector entenderá, sin duda, por qué ahora miraba con simpatÃa a Arina.
—¿Hace mucho que estás casada con el molinero? —le pregunté al cabo.
—Dos años.
—¿Quieres decir que al final tu amo consintió en que te casaras?
—Alguien compró mi libertad.
—¿Quién?
—Saveli Alekséievich.
—¿Quién es?
—Mi marido.
Yermolái sonrió.
—Pero ¿le habló mi amo a usted sobre m� —añadió Arina tras una corta pausa.
No tenÃa ni idea de cómo debÃa responder su pregunta.
—¡Arina! —gritó el molinero a lo lejos. Ella se levantó y se alejó caminando.
—¿Es su esposo un buen hombre? —le pregunté a Yermolái.
—No es malo.
—¿Tienen hijos?