Del album de un cazador
Del album de un cazador —TenÃan uno, pero se murió.
—El molinero debe de haberla querido mucho, ¿verdad? ¿Tuvo que pagar mucho dinero para comprarla?
—No lo sé. Sabe leer y escribir. En su negocio eso vale mucho… Es algo bueno. Supongo que debe de haberla querido.
—¿Y tú la conoces hace mucho?
—Pues sÃ. SolÃa ir a casa de su antiguo amo. Tienen la finca por aquÃ.
—¿Y conociste a Petrushka el lacayo?
—¿Piotr VasÃlievich? Claro que lo conocÃa.
—¿Y dónde está ahora?
—Se alistó.
Ambos guardamos silencio.
—Parece que ella no tiene buena salud, ¿estoy en lo cierto? —le pregunté al fin.
—¡Tiene una salud que…! Mañana, ya lo verá, estarán todos volando por lo bajo. SerÃa buena idea si durmiera un poco.
Una bandada de patos salvajes pasó silbando sobre nuestras cabezas, y los oÃmos aterrizar sobre el rÃo cercano. Estaba bastante oscuro y comenzaba a hacer frÃo; en el bosque un ruiseñor cantaba con ganas. Nos metimos entre el heno y nos dispusimos a dormir.