Del album de un cazador
Del album de un cazador —Cuando te lo pida… —dijo Chertopjánov, no sin cierto azoro.
—¡Ah!
La mujer salió y regresó al poco tiempo con la compota, el vodka y se sentó de nuevo junto a la ventana. TodavÃa fruncÃa el entrecejo, y sus dos cejas se alzaban y caÃan como la antena de una avispa. ¿Ha observado, querido lector, los maliciosos rostros de las abejas? Bueno, pensé, se acerca una tormenta. La conversación decayó. Nedopiúskin estaba en completo silencio y sonreÃa tensamente. Chertopjánov se removÃa en el asiento y resoplaba, tenÃa la cara enrojecida y los ojos saltones, y yo estaba a punto de irme. Masha de pronto se puso de pie, abrió la ventana, sacó la cabeza y gritó: «¡Aksinia!» a una mujer que pasaba. La mujer se sobresaltó, trató de darse la vuelta, se resbaló y cayó pesadamente sobre el suelo. Masha se echó hacia atrás y rompió a carcajadas. Chertopjánov también empezó a reÃrse. Nedopiúskin gemÃa de la risa. Todos nos desembarazamos de nuestra tristeza. La tormenta habÃa pasado con un único relámpago y el cielo estaba despejado.