Del album de un cazador
Del album de un cazador Todos sus vecinos lo tenÃan en la más alta estima, y consideraban un honor conocerlo. Sus propios empleados, los odnodvortsi, prácticamente lo adoraban, se quitaban los sombreros en su presencia, y ya lo admiraban en la distancia. En términos generales, entre nosotros ha sido complicado distinguir al granjero de caserÃo del campesino. Sus fincas están apenas mejor cuidadas que las de estos últimos, alimentan a las terneras con alforfón, sus caballos apenas están vivos y tienen riendas de cuerdas. Ovsiánikov era una excepción a la regla, aunque no habrÃa podido pasar por rico. VivÃa solo con su esposa en una casita cómoda y bien cuidada, y solo tenÃa unos cuantos criados, vestidos con ropas tÃpicas rusas y por él llamados «obreros». Eran los que le trabajaban la tierra. Él no se propuso convertirse en miembro de la clase acomodada, nunca pretendió ser un terrateniente, nunca «se olvidó de su lugar», hasta el punto de sentarse a la primera invitación a hacerlo: cuando aparecÃa un nuevo invitado, siempre se alzaba; pero lo hacÃa con tal dignidad, con tal exhibición de buenas maneras, que el invitado no podÃa evitar doblarse en una profunda reverencia.