Cartas de amor
Cartas de amor No, no he visto al Sr. Beecher. Ayer, conforme iba por la calle, me saludó John Day desde las escaleras de Allyn House, y yo le devolví el saludo, aunque al principio no recordaba quién era. No me apetecía cruzar, y a él tampoco, así que ninguno de los dos cruzó, ninguno de los dos para nada. Por alguna razón esta frase no suena bien, pero supongo que la podrás descifrar. Los resfriados siempre me vuelven estúpido y me hacen cometer errores.
«La pequeña molestia que tienes en la garganta no es nada serio». ¡Oh, Livy! No estás haciendo absolutamente nada por tu garganta. Dime, ¿por qué me angustias así? Esta temida enfermedad. Livy, remédialo antes de que esté totalmente curado, hazlo por mí.