Cartas de amor
Cartas de amor Una irritación de garganta sin importancia no dura dos semanas. Es el principio de esa enfermedad que dura toda la vida. Culpo a la Sra. Corey de eso y nunca se lo perdonaré, si los sÃntomas duran cuatro dÃas. Se puede curar en ese lapso de tiempo, con cuidados y atención, si no se trata de esa terrible enfermedad crónica. Hasta ahora he rezado noche y dÃa como un hipócrita y un embustero, porque he pensado en ese viaje todos los dÃas y siempre con un acceso de ira contra esa mujer. Ojalá hubiera estado en Jericó antes de que se le ocurriera sacarte a rastras a ese deprimente valle y te dejara mirando al vacÃo y congelándote hasta la muerte durante una hora y cuarto mientras ella brincaba por los bosques, sin preocuparse lo más mÃnimo de cómo estabas pasando ese rato aburrido. Estoy enfadado, Livy (pero no contigo, mi vida). Eres totalmente buena, fiel, generosa, comprensiva y nada egoÃsta… Todas las cosas que son gloriosas para la femineidad se encuentran y se mezclan a la perfección en el inigualable mosaico de tu personalidad… Y un solo dÃa de salud tuyo vale más que la salvación eterna de… me estoy yendo por las ramas. Livy, tu inofensiva irritación de garganta no es nada para ti, y puedes permitirte no darle importancia, pero para mà es sufrimiento y muerte… ¿No vas a hacer un sacrificio por mà y ponerle remedio noche y dÃa, religiosamente y sin falta, hasta que esté completamente curado y asà pueda volver a respirar y estar tranquilo? Livy, si supieras cómo me aguijonea, cómo me tortura este fantasma, no serÃas tan desconsiderada al no darle importancia. Pero… ¿le he hecho daño? Dios quiera que jamás te haga daño, ya sea con una palabra o con un acto, mi hermosa Livy, mi orgullo, mi amor. Pero estoy angustiado, nunca jamás volveré a dejarte sola cuando no estés bien. Mi conciencia me ha reprochado cruelmente que te dejara asÃ. Pero dijiste que no era nada… Y lo pensabas, de lo contrario no lo habrÃas dicho; y te creÃ, porque creerÃa más una simple palabra tuya que todos los juramentos del mundo. Pero mi mente estaba llena de presentimientos.