Cartas de amor
Cartas de amor ¡Qué insignificantes somos con nuestro pequeño mundo pigmeo! Un átomo centelleando junto con una incalculable miríada de otros mundos atómicos en un extenso rayo de luz que emana del rostro de Dios; y que aun así se refiere complacientemente a nuestra mota como al Gran Mundo y considera a las otras motas simples insignificancias, creadas únicamente para guiar nuestras goletas e inspirar las ensoñaciones de los amores «adolescentes». ¿Vivió Cristo otros 33 años en cada uno de los millones y millones de mundos que siguen su majestuoso curso sobre nuestras cabezas? ¿O fue nuestro pequeño globo el elegido? ¿Una manzana en un vasto huerto piensa tanto en sí misma como nosotros? ¿O una hoja en el bosque… o un grano de arena en la playa? ¿Las hormigas debaten sobre controvertidas cuestiones de teología de hormigas? ¿Y trepan a una topera, miran hacia el enorme universo de un acre de terreno y dicen: «Qué grande es Dios, que creó todas las cosas para nosotros»?