Cartas de amor
Cartas de amor No me explico cómo los astrónomos pueden no sentirse insignificantes, pues cada nueva página que abren del Libro de los Cielos les confirma cada vez más y más que el mundo del que tan orgullosos estamos es para el universo de las esferas viajeras como un mosquito para las aladas y unguladas bandadas y manadas que oscurecen los cielos y pueblan las llanuras y los bosques de toda la tierra. Si matas al mosquito, ¿le echarán en falta? Verdaderamente, ¿qué es el Hombre para que Dios le tenga en cuenta?
Uno de esos astrónomos ha tomado fotografÃas de lenguas de fuego de 17 000 millas de altura que salen disparadas de la superficie del sol, se mecen, se hunden y vuelven a emerger… Y todo en dos o tres minutos… Y a veces en un minuto una oriflama de fuego recorriendo de izquierda a derecha una distancia de 5000 millas… ¡Una velocidad inconcebible! ¡Piensa en cómo tienen que ser los huracanes que azotan el sol para lograr tales milagros! Y otras lenguas de fuego se elevan, ceden y vuelven a bajar, formando un arco carmesà de 20 000 millas de ancho, a través del cual nuestro pobre globo podrÃa ser lanzado del mismo modo que puede lanzar un balón al que se la ha dado una patada entre las piernas de un muchacho.