Cartas de amor
Cartas de amor No hay argumento alguno que pueda tener el más mÃnimo peso para mà en contra del tabaco (por lo menos en mi caso), porque yo sé y los demás simplemente suponen.
Pero hay una cosa que me harÃa dejar de fumar, una sola cosa. AbandonarÃa este hábito tan repleto de inofensivo placer en cuanto tú me escribieras o me dijeras que es lo que deseas. SerÃa un sacrificio, de la misma forma que si yo te pidiera que dejaras de ir a la iglesia, sabiendo que ningún argumento que te pudiera dar te convencerÃa de que tengo razón. No serÃa difÃcil para mà dejarlo. Dejé de mascar tabaco en parte porque era un mal hábito, y en parte porque mi madre lo quiso. Cesé de ser profano porque la Sra. Fairbanks lo quiso. Dejé de beber alcoholes fuertes porque tú lo quisiste. Hice lo que pude por aprender a dejar las manos fuera de los bolsillos de mi pantalón y dejé de adoptar malas posturas en el sillón porque tú lo quisiste. No he tenido que realizar ningún sacrificio para hacer estas cosas. Descartar estos hábitos no redujo ninguna de mis libertades; al contrario, me liberó de varios tipos de esclavitud. Fumar es diferente. Ningún argumento en su contra es válido… Y no lo dejaré por ninguna otra razón que no sea que tú asà lo deseas. Los deseos de [todos] los demás son importantes para mÃ, pero no lo suficiente.