Cartas de amor
Cartas de amor No te pongas triste por nada de lo que dije de fumar, mi pobre niña; recuerda que sea cual sea mi estado de ánimo te quiero y te honro. No hay tormenta capaz de [irritar] mover las profundidades de este mar; y recuerda también, que cuando sea, influenciado únicamente por tu tranquilo, justo y benévolo juicio, o por tu querido e irresistible deseo, me comprometo a dejar el tabaco o cualquier otro hábito. Estoy preparado para hacerlo; y no con desgana ni de mala manera, sino alegremente y con una amorosa sinceridad y devoción hacia tu felicidad, mi Livy.
Que la paz sea contigo, mi preciosa mujer.
SAM
P. D. Doy una conferencia en Fredonia, Nueva York, el 19 de enero. (L. McKinstry).