Cartas de amor
Cartas de amor Ayer me fui de Buffalo a las cuatro de la tarde, fui a Dunkirk y desde allí a Fredonia en carro de caballos (3 millas), allí di rápidamente mi conferencia, volví a coger el carro de caballos y llegué justo para coger el tren de las diez menos cuarto con destino al Este. Me senté, fumé hasta Salamanca (12h 30), me desnudé, dormí en un vagón cama dos horas y media y luego me levanté y desembarqué aquí a las tres de la madrugada; y tuve la fuerte tentación de quedarme en el tren durante una hora o dos más e ir a Elmira. Pero me resistí. Al venir por la noche, me ahorré dos horas extra de viaje.
Mi amor, mañana tienes que ir al armario de mi habitación, rebuscar en esas cajas de cartón y conseguirme una nueva camisa, una camiseta interior y unos calzones, y ponlos sobre la cama en la que voy a dormir cuando llegue a casa; siempre y cuando duerma en la habitación de Charley o en la habitación de enfrente. Pero si voy a ocupar la habitación en la que está esa ropa, no hace falta que te molestes, por supuesto. Y mañana por la noche, antes de acostarte, escríbeme una nota diciéndome cómo entrar en la casa y en qué cama dormir… y ponía dentro del buzón de los periódicos de la puerta lateral, para que pueda cogerla cuando llegue. Éstas son tus órdenes, querida Livy, y si no las obedeces te llevaré ante un consejo de guerra.