Cartas de amor
Cartas de amor Anteayer por la noche estaba en el porche, tan distraído como de costumbre, cuando salió una mujer con la casera; no podían abrir la puerta; Orion le dijo a esta última: «Quédese donde está, yo la abriré por ella»; cosa que hizo. Creía conocerla; no era así. Dijo: «Se está haciendo tarde, voy a acompañarla a casa». Ella contestó: «Oh, no, gracias; no está muy lejos y no estoy asustada». Él dijo alegremente: «¡Oh, no lo está! Bueno, pues si no lo está, yo tampoco lo estoy, así que voy con usted». ¿Qué podía hacer una mujer con una criatura tan risueña? Bueno… sencillamente, dejarle que la acompañara a casa; cosa que hizo. Ella le llevó por un camino por el que nunca había pasado, finalmente se paró delante de una casa que nunca había visto, y dijo: «Ésta es mi casa; le estoy muy agradecida, caballero: buenas noches» y lo dejó ahí de pie, preguntándose si su amigo había movido su casa en 24 horas o si le había puesto en ridículo una vez más. Lo último era lo más probable; y si hubiera apostado consigo mismo seguro que habría ganado.
Pero eso no va a pasar… Buenas noches, mi vida. Siempre tuyo, me voy a trabajar.
SAML
P. D. Apuesto a que Bliss todavía lleva alguna de mis cartas en el bolsillo. Por eso no llegan.
S. L. CLEMENS