Cartas de amor
Cartas de amor Ayer cené con Warner; hoy, en casa; mañana al mediodÃa comeré con Twichell. Los gatitos están estos dÃas juguetones. Ellos y la gata vieja duermen conmigo y tienen libre acceso a la casa. No los venderÃa ni por miles de dólares. Junto a una mujer a la que idolatro, lo que más prefiero son los gatos; una vieja gata con gatitos. A propósito, ¿cómo está Muggins? Aquà reina una gran melancolÃa, pero no la noto. Estoy muy triste, pero estoy acostumbrado; no puedo remediarlo. Soy un experto en tristeza. La tristeza hace que me esfuerce cuando estoy solo, pero eso es jugar con ventaja. Cuando mi familia anda cerca, nada de todo esto me preocupa. Pero esta noche no estoy triste, mi vida. He trabajado con ahÃnco todo el dÃa, hasta ahora; ha sido un gran dÃa y me siento alegre como un cántico.
He conseguido una versión en francés de la Rana Saltarina; la palabra divertido se queda corta. Voy a traducirla literalmente, con las estructuras francesas y toda la pesca (disculpándome entre paréntesis cuando una palabra sea demasiado para mÃ), y la publicaré en el Atlantic como el gran esfuerzo de un hombre que no es más que un muy aplicado alumno de francés; y la firmaré con mi nombre, sin ninguna otra palabra. Será algo delicioso de leer.
Adiós, cariño mÃo. Te quiero y quiero a Muggins. Ya es la hora de acostarse; tengo que bajar y ahuecar a los gatos de la cama.