Cartas de amor
Cartas de amor No llegó a terminar la frase. Toqué el timbre tres veces, ¡y al instante entraron George y Mary!; abrí la puerta que da al cuarto de baño de madre y dije: «El Reverendo Sr. Twichell va a entrar; aquí está la licencia»… (que había adquirido por la tarde).
Joe entró y los casó, en presencia de los testigos… el novio se quejó entre dientes un rato después: «Pero si era un montaje…».
Lizzy lloró durante el oficio y la oración, y luego su marido la rodeó con el brazo, la besó, derramó una lágrima y le dijo: «No llores».
George llegó con champán y copas, colocó la bandeja, primero delante de Lizzy, y dijo: «¿Desea un poco de champán, Sra. Taylor?». Con lo cual, estalló una alegría general.
Bebí a la salud y larga vida de la pareja, les di [cien dólares por cabeza] una bagatela (pues entre los dos no tenían más que cuatro dólares), y les pedí que se marcharan… a cualquier lugar donde pudieran ser felices. Entonces Joe y yo regresamos a su casa y él cenó; la tensión ya había pasado y un plato de sopa fue suficiente para mí.
Luego les leí mi obra a Joe y a Harmony (¡oh, he sido como un Simon Wheeler todo el día!), después regresé a casa y aquí estoy, en la cama.