Cartas de amor
Cartas de amor Estamos disfrutando mucho, trajinando libros de literatura. Alguna vez he probado suerte con el timón, y la mecánica labor de conducir un barco a vapor me ha resultado tan familiar como si llevara toda la vida haciéndolo. Pero ¡la parte alta del río! Fue tan nueva para mí como si no hubiese oído hablar de ella nunca. Sin embargo, reconocí el río en las proximidades de Cairo; lo reconocí muy bien, a pesar de que ha sufrido cambios bastante notorios. Por ejemplo, la isla nº 10 estaba tan cerca de la costa como nuestra puerta principal de la de Holbrook; ahora se ha adentrado en el agua tanto como desde nuestra casa hasta la oficina del Courant. Por supuesto, la isla está donde estaba, pero el agua se ha comido la costa hasta un punto increíble.
Anoche te mandé un telegrama desde Cairo. Mañana por la mañana te enviaré uno desde Memphis.
Adiós, mi querida Livy, dales besos a todas de mi parte, excepto a Jean.
SAML.
P. D. Bueno, está bien…, a Jean también.