Cartas de amor
Cartas de amor Cuando esté hambriento y descubra que tengo una mujercita que no tiene ni idea de cocinar… ¡Oh! ¡Alma profética! ¡Tú no sabes nada de cocina! ¡Enseguida me vendrÃa a la mente tu conocimiento sobre la ciencia de serrar madera! Tendremos cenas particularmente espantosas, no me cabe la menor duda, pero supongo que nosotros podremos comerlas, y las demás personas a las que no les gusten no necesitan hacernos un favor con su compañÃa. Creo que ésta es una forma justa y correcta de considerarlo.
Livy, eres una corresponsal tan encantadora y tan fiel… Puedo confiar en ti todo el tiempo, y disfruto muchÃsimo con tus cartas. Y cada vez que llego a la última página y encuentro un pedazo de papel en blanco quisiera cogerte en mis brazos, besarte y convencerte para que te sientes y lo rellenes; y al instante me remuerde la conciencia por querer que sigas trabajando cuando ya me has escrito más de lo que merecÃa, paciente y fielmente, sin duda hasta tener calambres en tu mano cansada, y tu cuerpo agotado de permanecer en la misma postura.