Cartas de amor
Cartas de amor Esta tarde me encontré con Walker, del Cosmopolitan, y le expliqué que la razón por la que no habÃa ido a verle durante el dÃa era que te habÃa estado escribiendo. Él consideró que esa aclaración no justificaba nada… hasta que le hablé de la extensión de mis cartas bisemanales. Entonces dijo: «¡Dios mÃo! ¡Esto es el colmo de la insensatez! ¡La mayor extravagancia del derroche, de la prodigalidad irreflexiva! Dos cartas semejantes a la semana, arrojadas al mar para la Sra. Clemens, que… que… ¡Oh! ¡Déjelo, y envÃemelas a mÃ… le daré quince mil dólares por ellas!».
Ben y Susy deben leer «Un estudio de la música india» en el Century de febrero. Creo que les interesará.
Ayer escribà un artÃculo para el Youth’s Companion. A las 6 acudà al té de las 5 de Richard Harding Davis, a la casa de soltero en la que vive, en la Quinta Avenida, con el joven Howard Russell. La Sra. Stanford White estaba allà para supervisar a las muchachas jóvenes. ¡Un espléndido y grandioso ser al que contemplar! Por supuesto, la habÃa olvidado… me olvidarÃa hasta de Satán, el gato… pero me dijo su nombre en seguida. Ocurrió la anécdota del dÃa: me saludaron unas quince personas que me conocÃan y casi ninguna me dijo su nombre. ¡Las habrÃa matado!