Cartas de amor
Cartas de amor No obstante, pasé un rato muy agradable. Barnes (divino imitador) estaba allí, entre otros, y aproveché la ocasión para conocerle mejor. Un hombre muy agradable. También me agrada Harding Davis. Éste era el tercer té al que me invitaban en esa casa, y a dos de ellos me había olvidado de ir; por lo que el anfitrión me dijo que me mandaría un telegrama varias horas antes del té, para que no pudiera olvidarme. Y así fue… aunque de todas formas ya no iba a olvidarlo: tenía una nota prendida con un alfiler en el dosel de mi cama. Me dio las gracias por venir con una cordialidad casi embarazosa. ¡Ni te lo figuras! ¡Señor, que a nosotros, pobres seres evanescentes, nos den las gracias por poder disfrutar de los privilegios que nos otorgan, por llegar y tocar el timbre en la verja del jardín de alguien!