Cartas de amor
Cartas de amor 
DOMINGO 30, A MEDIA TARDE.
Sigo sin recibir ni una sola línea. Me parece que ya no lo aguanto más.
Hoy hace un día desapacible, frío y silencioso… con aire de domingo y muy triste. Estoy solo porque el largo paseo ha cansado a Smythe, y después de comer se ha ido a su habitación.
Pobre Susy; ya hace once días. «Tras la fiebre convulsa de la vida, duerme con placidez»[60]. Y no volverá a despertar para mí.
«O for the touch of a vanished hand,
And the sound of a voice that is still!»[61].
Vaya un año de desgracias que hemos tenido. Hace muy poco teníamos tres hijas, ahora hemos perdido a dos de ellas. Susy ha salido de nuestra vida para irse a un lugar mejor; Clara ha salido de nuestras vidas para acometer un cambio incierto… Algo que yo hubiera impedido si hubiese podido.
Anteayer fuimos al Castillo; y me pareció que era un pariente mío, pues yo también soy una ruina. Pero allí hubo consuelo para mí, y sanación: porque todos los que bailaban y eran felices en aquellas salas que una vez, hace mil años, fueron majestuosas, y danzaban y eran pura vida, han seguido el camino de ese baile y son felices, y cuando llegue mi momento, yo también seré liberado.