Cartas de amor
Cartas de amor Acabo de realizar una de las cosas más difíciles de hacer… pedir disculpas. Ayer por la mañana en el hotel en Iowa City, el patrón me llamó a las nueve, y me dio tanta rabia que me enfadé con él de forma un poco violenta. Durante una hora intenté volver a dormirme y no pude; quería ese sueño en particular porque deseaba escribir algo que requería una mente lúcida y un lenguaje escogido. Al final pensé que una taza de café podría solucionar el problema, iba a llamar para que me lo trajeran… no había timbre. Me enfadé de nuevo. Cuando por fin, golpeando ruidosamente la puerta hasta molestar a toda la gente de mi piso, conseguí que el dueño subiera, volví a enfadarme; y él no. Fíjate en lo mucho que eso le aventajó. Sus suaves contestaciones me avergonzaron hasta el punto de dejarme mudo; pero seguía demasiado obstinado, demasiado orgulloso como para pedirle perdón. Pero anoche, en el vagón, cuanto más pensaba en ello más me arrepentía y más avergonzado me sentía. Así que decidí hacer efectivo el arrepentimiento disculpándome; cosa que he hecho esta mañana de la manera más generosa y menos remilgada: por carta. Ahora me siento satisfecho y alegre.