Cartas de amor
Cartas de amor He estado leyendo… Estoy leyendo Los Viajes de Gulliver y me está gustando mucho más que la última vez que lo leà cuando era niño, pues ahora puedo ver la mordaz sátira que representa contra el gobierno inglés, mientras que antes sólo me regodeaba con sus proezas y sus maravillas. Pobre Swift… debajo de la apacible superficie de este libro redactado de forma sencilla se esconde la marea alta de su veneno, el turbio mar de su odio inigualable. No te gustarÃa el libro, Livy. Es decir, no todo el libro. Algunas partes sà te gustarÃan. Si aun asà lo quieres leer, lo marcaré y lo tacharé hasta que se adapte a tus ojos, porque algunos fragmentos son muy burdos y poco delicados. Lamento mucho no haberte pedido que me dejaras preparar Don Quijote para ti de la misma manera. Me disgusta imaginarte leyendo este libro tal y como es. He pensado en ello con arrepentimiento una y otra vez. Si todavÃa no lo has terminado, no sigas, Livy. Eres tan pura como la nieve, y para mà siempre lo serás: no mancillada, a salvo incluso de los pensamientos impuros de otros. Eres la mujer más pura que jamás he conocido, y tu pureza es tu ornamento más apreciado y más valioso. Presérvalo, Livy. No leas nada que no sea perfectamente puro. Prefiero que leas cincuenta «Ranas saltarinas» que un Don Quijote. Don Quijote es uno de los libros más exquisitos que jamás se han escrito, y perderlo de la literatura mundial serÃa como arrancar una constelación del simétrico y perfecto firmamento, pero ni él ni Shakespeare son libros apropiados para ser leÃdos por una virgen hasta que alguna mano le haya quitado toda su groserÃa. El discurso grosero nunca es inofensivo. Como dice el refrán, «Quien juega con fuego se quema». No querÃa escribirte un sermón, pero ya es demasiado tarde. Bueno, es sentido común y era una espinita clavada en mi corazón, asà que no lamento haberlo escrito.