Cuentos completos
Cuentos completos Seguà avanzando con estrépito otros ciento cincuenta millones de millas y me puse a la altura de lo que podrÃamos llamar su hombro. Te aseguro que estaba pasando un buen rato, pero en ese momento vi al oficial de puente que se acercaba a un costado y me enfocaba con sus binoculares. En el acto le oà gritar:
—¡Ah de abajo! ¡Metedle velocidad, metedle velocidad! ¡Lanzad un centenar de millones de billones de toneladas de lastre de azufre!
—¡SÃ, señor!
—¡Tocad el silbato a la guardia de estribor! ¡Todo el mundo a cubierta!
—¡SÃ, señor!
—¡Enviad doscientos mil millones de hombres a lo alto para largar los sobrejuanetes y los sobrepericos!
—¡SÃ, señor!
—¡Largad la rastrera y el ala! ¡Desplegad hasta el último palmo de vela que tengáis! ¡Echadle lona desde la proa hasta el gobernalle!
—¡SÃ, señor!