Cuentos completos
Cuentos completos Yo ganaba y ganaba ventaja poco a poco, hasta que, por último, avancé suavemente hasta la magnífica nariz de aquella vieja conflagración. Para entonces habían hecho salir de su camarote al capitán del cometa, y este se dejó ver por la proa envuelto en el rojo resplandor, al lado del oficial de ruta. Había salido en mangas de camisa y con zapatillas, con el pelo enmarañado y hecho jirones y con uno de sus tirantes colgando. ¡Qué mareados parecían aquellos dos hombres! No pude menos que llevarme el dedo pulgar a la nariz cuando los adelantaba, y les grité:
—¡Ta-ta-ta-ta! ¿Tenéis algún mensaje que mandar a la familia?
Peters, eso fue un error. Sí, señor, fue un error y lo he lamentado muchas veces. Comprende una cosa, el capitán había renunciado ya a ganar aquella carrera, pero mi comentario le resultó pesado, y no lo pudo soportar. Se volvió hacia el oficial y le dijo:
—¿Tenemos bastante azufre para hacer el viaje?
—Sí, señor.
—¿Seguro?
—Sí, señor, más del que necesitamos.
—¿Cuánto azufre llevamos de cargamento para Satanás?
—Dieciocho mil billones de quintillones de kazarks.