Cuentos completos
Cuentos completos —Perfecto, que sus huéspedes se hielen hasta que llegue el próximo cometa. ¡Aligerad el barco! ¡BrÃo, muchachos, brÃo! ¡Tirad por la borda todo el cargamento!
Peters, mÃrame a los ojos y mantente sereno. ¡Entonces me enteré de que un kazark es el equivalente exacto al volumen de ciento sesenta y nueve mundos como el nuestro! Y todo eso lo tiraron por la borda. Cuando cayó, barrió una gran constelación de estrellas como si se tratara de unas pocas velas que uno apagase de un soplo. En cuanto a la carrera, allà acabó todo. En el instante mismo en que el cometa se vio aligerado, pasó volando por mi lado, produciéndome la impresión de que yo tenÃa echada el ancla. El capitán se irguió a popa junto a las serviolas y se llevó el dedo pulgar a la nariz, gritándome:
—¡Ta-ta-ta-ta! ¡Quizá tenga usted algún mensaje que enviar a sus amigos los del Trópico Eterno!
Entonces se ajustó el tirante que llevaba suelto y se lanzó hacia delante. Antes de tres cuartos de hora su embarcación habÃa vuelto a ser una pálida antorcha lejana. SÃ, Peters, fue un error aquel comentario. Nunca me arrepentiré bastante de él. Si me hubiese mantenido con la boca cerrada, habrÃa podido derrotar al bravucón del firmamento.