Cuentos completos
Cuentos completos El padre Adolf se habÃa encontrado más de una vez cara a cara con Satanás y lo habÃa desafiado. Se sabÃa que aquello era verdad. Él mismo lo decÃa. Jamás hizo de ello un secreto, sino que lo pregonaba en todas las ocasiones. Y de que lo que decÃa era cierto, por lo menos en una ocasión, existÃa la prueba, porque entonces se peleó con el enemigo y le tiró con intrepidez una botella; y allÃ, en la pared de su estudio, podÃa verse el rojo manchón donde habÃa golpeado, quebrándose.
Pero al que todos nosotros querÃamos más y por el que sentÃamos una pena mayor era por el otro sacerdote, el padre Peter. HabÃa gente que lo censuraba con que si en sus conversaciones decÃa que Dios era todo bondad y que hallarÃa modo de salvar a todas sus pobres criaturas humanas. Eso era una cosa horrible, pero nunca se pudo disponer de prueba terminante que atestiguase que el padre Peter hubiese dicho cosa semejante. Además, no parecÃa responder a su manera de ser, porque era en todo momento un hombre bueno, cariñoso y sincero. No se lo acusaba de que lo hubiese dicho desde el púlpito, donde toda la congregación hubiera podido oÃrlo y dar testimonio, sino solo fuera, charlando. Por supuesto, inventarlo resultó tarea sencilla para algún enemigo suyo.