Cuentos completos
Cuentos completos Quizá en ciertos aspectos puedan haber existido mejores sacerdotes que el padre Adolf, pero no hubo jamás en nuestra comunidad otro por el que sintiesen todos un respeto más solemne y reverente. Ese respeto nacía de que él no experimentaba miedo alguno del diablo. Era el único cristiano de cuantos yo he conocido del que se podría afirmar tal cosa sin faltar a la verdad. Por esa razón, la gente tenía un profundo temor al padre Adolf: pensaban que poseía alguna cualidad sobrenatural, pues de otro modo no se habría mostrado tan audaz y seguro. Todo el mundo habla del demonio con resentimiento y desagrado, pero de un modo reverente, no en tono de guasa. El padre Adolf era muy distinto. Aplicaba al demonio todos los calificativos que le acudían a la lengua, y hacía que sus oyentes temblaran con escalofríos. Con mucha frecuencia se refería al diablo en tono de mofa y de burla, y la gente, al oírle, se santiguaba y se alejaba con rapidez de su presencia, temerosos de que ocurriese algo terrible.