Cuentos completos
Cuentos completos El señor Sidney Algernon Burley entró, ataviado de pies a cabeza de un nÃveo color deslumbrante, es decir, del lino más blanco y liviano de Irlanda. Avanzó presuroso, pero la joven hizo un gesto y le dirigió una mirada que le hicieron detenerse en seco. Ella dijo frÃamente:
—Aquà estoy, como habÃa prometido. Creà sus afirmaciones, cedà a sus importunidades, y dije que fijarÃa la fecha. Será el primero de abril, a las ocho de la mañana. Y ahora, ¡márchese!
—Oh, querida mÃa, si la gratitud de toda una vida…
—Ni una palabra más. EvÃteme su presencia y cualquier tipo de contacto antes de ese momento. No…, no suplique. Asà es como ha de ser.
Cuando se hubo marchado, Rosannah se dejó caer exhausta en una silla, pues el largo asedio de congojas que habÃa tenido que sufrir la habÃa dejado sin fuerzas. En ese momento dijo:
—¡De qué poco ha ido…! Si el momento fijado hubiese sido una hora antes… ¡Oh, qué horror, me he salvado por los pelos! ¡Y pensar que habÃa llegado a creer que amaba a este monstruo traicionero, fraudulento y mentiroso! ¡Oh, se va a arrepentir de su infamia!