Cuentos completos
Cuentos completos Por último, ocurrió una cosa completamente natural, después de llevarnos trescientos o cuatrocientos chascos con aquellas falsas alarmas: ya no les hicimos caso. Sí, cuando el gongo me lanzaba contra cualquier pared de la casa, yo me limitaba a levantarme, examinaba tranquilamente el cuadro anunciador, tomaba nota de la habitación que marcaba y volvía a acostarme como si nada hubiese ocurrido. Además, dejaba la habitación de la falsa alarma desconectada y ya no hacía venir al técnico. No hay, pues, que decir que con el curso del tiempo quedaron sin conectar a la alarma todas las habitaciones de mi casa y la máquina quedó al fin fuera de servicio.