Cuentos completos
Cuentos completos ¿Y sabéis lo que pasó? Pues que en su delirante ataque de alegrÃa, en su frenética danza jubilosa, podrÃa haber destrozado todos los muebles y objetos de la estancia si no se lo hubiera impedido sujetándolo con firmeza.
Asà que por fin se sentó, totalmente feliz, y dijo:
—¡Puedo utilizar su nombre! ImagÃnese… ¡su nombre! Oh, Dios, esos ricachones londinenses acudirán a mà en manada, se pelearán por comprar esas acciones. ¡Vuelvo a ser un hombre, un hombre cabal para siempre, y nunca podré olvidarle mientras viva!
En menos de veinticuatro horas se habÃa corrido la voz por todo Londres. DÃa tras dÃa, no hacÃa otra cosa que permanecer sentado en casa y asegurar a cuantos venÃan:
—SÃ; yo le dije que me remitiera a quien pidiera referencias. Conozco al hombre y conozco la mina. Él es de una honradez irreprochable, y la mina vale mucho más de lo que pide por ella.