Cuentos completos
Cuentos completos —Nos complace oÃrlo —dijo el que era mi hombre—, porque ahora podremos decidir sobre la apuesta que hicimos mi hermano Abel y yo. Si ha logrado que yo la gane, obtendrá usted cualquier puesto que esté a mi alcance. ¿Tiene el billete de un millón de libras?
—Aquà está, señor.
Y se lo entregué.
—¡He ganado! —exclamó, palmeando alegremente la espalda de Abel—. Vamos, hermano, ¿qué me dices ahora?
—Digo que él ha sobrevivido, y que yo he perdido veinte mil libras. Nunca lo hubiera creÃdo.
—Tengo además que informarles de algo —dije—, y por extenso. Me gustarÃa que me permitieran volver pronto, a fin de poder detallarles la historia de todo lo que me ha ocurrido este mes; les prometo que vale la pena escucharla. Entretanto, miren esto.
—Pero… ¡válgame Dios! ¿Un certificado de depósito por valor de doscientas mil libras? ¿Es suyo?
—MÃo. Lo he ganado en treinta dÃas de juicioso uso de este pequeño préstamo que me hicieron. Y tan solo lo utilicé para comprar minucias y ofrecer siempre el billete para que me lo cambiasen.
—¡Vamos, hombre…! ¡Eso es asombroso! ¡IncreÃble!