Cuentos completos
Cuentos completos —Claro, querida, si crees que puedes mejorarlo. Veamos cómo lo haces.
Ella se dirigió hacia mi hombre, se sentó en su regazo, le rodeó el cuello con el brazo y le plantó un beso en la misma boca. Entonces los dos ancianos caballeros estallaron en grandes carcajadas, pero yo me quedé anonadado, como petrificado. Portia dijo:
—Papá, ha dicho que no hay ningún empleo a tu disposición que él pueda aceptar; y eso me duele tanto como si…
—¡Querida mÃa!, ¿este señor es tu padre?
—SÃ; es mi padrastro, y el más querido que jamás haya existido. ¿Comprendes ahora por qué me reà tanto en casa del ministro cuando, sin conocer mi parentesco, me contaste cuántos problemas y preocupaciones te estaba causando el plan urdido por papá y tÃo Abel?
Por supuesto, en ese momento decidà tomar la palabra; me puse muy serio y fui directamente al grano:
—Oh, mi muy querido señor, me gustarÃa retirar lo que acabo de decir. Tiene usted un puesto vacante que sà quiero.
—DÃgame cuál.
—El de yerno.
—¡Bueno, bueno, bueno…! Pero ¿sabe?, si nunca ha ejercido en calidad de tal, sin duda no podrá proporcionarme las recomendaciones de rigor que satisfagan las condiciones del contrato, y entonces…