El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso —¿Y todo esto para qué? —preguntó Satán con esa risa entre dientes suya, tan cruel— Para nada. No ganáis nada. Siempre acabáis donde habÃais empezado. Durante un millón de años la raza se ha propagado monótonamente, representando una y otra vez su aburrido disparate. ¿Con qué fin? ¡No hay quien lo sepa! ¿Quién se beneficia de eso? Nadie, excepto un grupo de reyezuelos y nobles que os desprecian; que se sentirÃan profanados si los tocaseis; que os darÃan con la puerta en las narices si osarais llamar a ella; por quienes os esclavizáis, lucháis, morÃs, y no sólo no sentÃs vergüenza por ello, sino que os enorgullecéis; cuya existencia es un insulto perpetuo para vosotros, del que os da miedo quejaros; que son mendigos financiados por vuestras limosnas, aunque ante vosotros se dan aires de benefactores frente el pordiosero; que se dirigen a vosotros en el lenguaje que el amo usa con su esclavo, y reciben respuesta en el que el esclavo emplea con su amo; a los que rendÃs culto con la boca, mientras que en el fondo de vuestros corazones —si los tenéis— os despreciáis por ello. El primer hombre era un hipócrita y un cobarde, cualidades que aún no se han perdido en su linaje; son los cimientos sobre los que se han levantado todas las civilizaciones. ¡Brindemos por su perpetuación! ¡Brindemos por su aumento! ¡Brindemos por…!