El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Miró furtivamente a Satán, y creo que esperaba que Satán dijera: «Sí, algún día estaréis allí», pero Satán parecía estar pensando en otra cosa y no dijo nada. Eso me hizo sentir fatal, porque sabía que él lo había oído; no se le escapaba nada, se mencionase o no. El pobre Seppi parecía angustiado, y no terminó la frase. Las copas se elevaron y el cielo se abrió para admitirlas —un trío de radiantes parhelios— y desaparecieron. ¿Por qué no se quedaron? Parecía un mal augurio y me entristeció. ¿Volvería a ver la mía alguna vez? ¿Y Seppi la suya?