El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Y llegó la oportunidad. Marget le envió recado pidiéndole que defendiera a su tío en el juicio, ya próximo, y él se sintió muy satisfecho, dejó de beber y comenzó a prepararse con diligencia. De hecho, con más diligencia que esperanza, ya que el caso no resultaba prometedor. Mantuvo muchas entrevistas en su despacho con Seppi y conmigo, y trilló nuestro testimonio a conciencia, con la esperanza de hallar algún valioso grano entre la barcia, pero por supuesto la cosecha fue pobre.
¡Si por lo menos apareciera Satán! Eso era lo que yo pensaba constantemente. Él podría inventar alguna forma de ganar el caso; porque había dicho que lo ganarían, así que sin duda él sabría cómo hacerlo. Pero los días iban pasando, y él sin llegar. Por supuesto, yo no dudaba de la victoria, ni de que el padre Peter fuera feliz el resto de su vida, porque Satán lo había dicho; pero lo cierto es que me sentiría mucho más cómodo si él apareciera y nos contara cómo manejar el asunto. Ya era hora de que el padre Peter cambiara de rumbo y se dirigiera hacia su felicidad: todo indicaba que el encarcelamiento lo estaba agotando y la ignominia le resultaba una carga demasiado pesada, por lo que si no le llegaba pronto alivio podría morir a causa de tanta desgracia.