El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Le dijimos que no lo harÃamos, y él se acercó a un charco y regresó con un poco de agua en una taza que habÃa hecho con una hoja; sopló sobre el agua y la lanzó fuera, convertida en un trozo de hielo con la forma de la taza. Estábamos asombrados y encantados, pero ya no tenÃamos miedo; nos alegrábamos de estar allà y le pedimos que continuase, que hiciera más cosas. Y lo hizo. Dijo que nos facilitarÃa cualquier tipo de fruta que quisiéramos, estuviese en temporada o no. Todos hablamos a la vez:
—¡Naranja!
—¡Manzana!
—¡Uvas!
—Las tenéis en los bolsillos —nos dijo; y era verdad. Además, eran de las mejores; nos las comimos y deseamos tener más, aunque nadie lo dijo en alto.
—Las encontraréis donde encontrasteis las otras —dijo—, y todo aquello que vuestro apetito requiera; no es necesario que nombréis lo que deseáis: mientras yo esté con vosotros, sólo tendréis que desearlo y aparecerá.