El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Estaba empeñado en tranquilizarnos, y sabía cómo hacerlo: resultaba imposible permanecer indeciso y asustadizo con una persona tan sincera, sencilla y sutil, que hablaba tan seductoramente como él; no, nos conquistó, y no pasó mucho tiempo antes de que nos sintiéramos satisfechos, cómodos, habladores y contentos de haber encontrado aquel nuevo amigo. Cuando la turbación hubo desaparecido por completo, le preguntamos cómo había aprendido a hacer algo tan extraño, y nos contestó que no lo había aprendido, que era algo innato en él, al igual que otras cosas… otras cosas curiosas.
—¿Qué cosas?
—Algunas; no sé cuántas.
—¿Nos dejarás ver cómo las haces?
—¡Sí! ¡Por favor! —dijeron los otros.
—¿No volveréis a salir corriendo?
—No, claro que no. Por favor, ¿lo harás?
—Sí, encantado; pero no olvidéis vuestra promesa.